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jueves, 16 de agosto de 2012



Huracán Azul vs. Rojos: The Wrath of Gold 





El partido entre el “Huracán Azul” y la selección española, anunciado como juego “amistoso” para el cual se invirtieron sobre dos millones de euros del erario público, del bolsillo de los ciudadanos contribuyentes de Puerto Rico, con el propósito de fomentar el turismo, requiere una evaluación ponderada. 



Este magnánimo evento ha de ser medido a partir de sus resultados a corto y largo plazo. A juzgar por la opinión vertida en periódicos como El País, ABC y El Mundo, el turismo puertorriqueño se ha beneficiado sustancialmente con este evento. Miles de europeos correrán a comprar un billete de avión para visitar esta isla por tal de no perderse el próximo "bodrio", "farsa", "simulacro de partido", "besamanos de los gerifaltes locales y hasta el respetable", además del césped "mitad sintético" en las "catacumbas del fútbol" con un público que pagó 400 euros por "cantar goles que no entraron" y "pasearse por los pasillos sin descanso" como si se tratara del “Yankee Stadium”. 


Sin embargo, hay que considerar que mientras unos ven el vaso vacío, otros lo ven medio lleno. Noticel hizo una cubierta destacando algo que no sabíamos ni parece interesarle a los medios españoles: “el 30% de lo recaudado en el evento será destinado a formar un Centro de Capacitación de Autismo”´[sic.]. Entiendo la buena intención de la noticia. Espero que se trate de capacitar a los autistas, y a que los ciudadanos nos eduquemos para sobrepasar nuestra ignorancia sobre el autismo. 


En cuanto a quienes les preocupa una inversión de dos millones de euros en un país que no invierte en la cultura, pienso que hay maneras de abrir nuevas avenidas que integren ambas cosas. El fútbol es cultura y nuestros hermanos latinoamericanos tienen una larguísima tradición en este aspecto. Pero ya que empezamos con un juego contra el seleccionado de España y en vista de que cruzar el Atlántico nos sale más barato que viajar al Brasil o a la Argentina, podríamos pensar en llevar a nuestros mejores equipos de los niños de Cantera o Quintana a jugar contra un equipito de barrio de Madrid o Barcelona y que, de paso, la gira incluyera visitas guiadas al Museo del Prado, al Museo Dalí, al Reina Sofía, la Alhambra, la Mezquita de Córdoba, el Alcázar de Segovia. 

El turismo local también podría beneficiarse trayendo niñitos españoles o de Latinoamérica a jugar en Puerto Rico y sacarles fotitos en el Morro, el San Cristóbal, el Parque Ceremonial Indígena Caguana o educándolos sobre el medio ambiente con una gira de Explora para que conozcan nuestras aguas subterráneas, la importancia de la conservación del carso y de la biodiversidad de nuestro ambiente. De hecho, el intercambio cultural tendría mucho más sentido si se llevara a cabo en Latinoamérica, dado que han sido los emigrantes de Centro y Sudamérica quienes más han fomentado el “soccer” en Puerto Rico y de quienes tenemos tanto que aprender. No hay más que pensar que mientras el gobierno español lleva a sus ciudadanos por el camino de la amargura, Brasil y Argentina están en un periodo de resurgimiento verdaderamente envidiable. 

Como profesora de literatura, este evento me ha interesado fundamentalmente por el goce de un sarcasmo periodístico de enorme gracia caricaturesca. Este “partidazo” de fútbol no atraerá turistas españoles a la isla de Puerto Rico, a menos que les haya surgido un repentino interés por jugar fútbol sobre un “césped mitad de plástico”, que los aplaudan hasta por patear pelotas fuera del arco y comenzar el juego después de saludar a los funcionarios locales descritos como si se tratara de quemar una estatua de cartón en las Fallas de Valencia. En realidad, lo mejor de este partido ha sido leer la prensa española quevediando con sarcasmo del bueno, en defensa de las delicadas rodillitas de sus jugadores. Que se dejen de llorar y le pregunten a JLo cómo aseguró sus nalgas. 

Que quede una cosa clara. Hay que felicitar a Maritza Casiano y al secretario de turismo de Puerto Rico por enseñarle a los españoles que el Huracán Azul no era un pronóstico del "Weather Channel" y darnos la excelsa oportunidad de rememorar otros “encuentros amistosos” del pasado. Cuando nuestros taínos de “fermosos cuerpos” le dieron a Cristóbal Colón oro a cambio de cuentecitas de vidrio, mostraron más astucia: le dijeron al italiano aquél que el oro se podía encontrar bien pero que bien lejos. Técnica que emplearon también los incas para que Aguirre se tirara río abajo, en una expedición suicida, en busca de Eldorado. Aguirre, the Wrath of God, de Werner Herzog, es la mejor lección que un país latinoamericano puede aprender de un europeo antes de hacer trueques de oro a nivel transatlántico. 



2 comentarios:

  1. Al igual que tú, considero que traer La Roja a Puerto Rico no va a motivar ni a las moscas españolas a visitar el país. No obstante, pienso que a la cobertura que le dieron al evento medios de comunicación tan serios e importantes en España, como "El País", "ABC" y "El Mundo" les faltó la diplomacia que periódicos de importancia global como "The New York Times" o "The Guardian", tienen con todo país extranjero. Que si hacía calor en Puerto Rico en agosto, bueno pues que recordaran que en España la temperatura pasó de 40 grados Celsius por varias semanas y no por eso la gente dejó de jugar fútbol. Que si el viaje le tomó 8 horas, bueno, 7 horas y 27 minutos se tarda como promedio un vuelo de Madrid a Nueva York. Además, con la crisis económica que está pasando España ahora mismo, deberían estar dispuestos a darle la vuelta al planeta varias veces, si fuera necesario, para recibir dos millones de euros por dos horas de juego. Los sarcasmos de la prensa española se pasaron de lo se podría considerar aceptable.

    En cuanto a tu sugerencia sobre cómo desarrollar el fútbol en Puerto Rico, lo que propones es súperinteresante y creo que merece ser considerado seriamente por el gobierno y el Comité Olímpico de Puerto Rico. Si los equipos españoles, así sean pequeñas ligas, están sedientos de oro, pues que suden por él.

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  2. Lo más patético es que se quejen de sudar por el 70% de humedad.

    El sarcsmo de mala leche tiene una larga tradición hispánica de origen racista y reaccionario. Por eso digo que estos periodistas "quevedean".

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