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viernes, 29 de abril de 2011

Esta lengua no le debe al futuro

Pensar que acabadita de operar en MD Anderson mi hinchado cerebro decía “s'il vous plaît” y “merci beaucoup” hasta para pedir un café. Cuantos buenos modales salían entonces de mi cabeza casi moribunda. Ahora que se ha controlado el crecimiento del cáncer por casi cuatro años, ni la pulcra lengua de Cervantes ni la obscenamente decorosa de Luis Rafael Sánchez me parecen suficientes. Hoy, después de pasar por el busto del rey Juan Carlos, la banderita puertorriqueña entrecruzada con la de España, la placa de agradecimiento por la aportación del rey del antiguo imperio al Centro de Cáncer, y tras haberme persignado al pasar frente a la Virgen con fuentecita y azulejos celestes del Hospital Auxilio Mutuo, lo único que pensaba era demostrar mi curación parcial o total del tumor cerebral del lóbulo temporal izquierdo recurriendo a la más cutre gama del repertorio lingüístico español mandando a los cobradores del hospital a coger por….., jo…, ño….. Y no es para menos.

El 11 de marzo de 2011 recibo un cobro de $370.00 por un servicio que se me había ofrecido el 24 de abril de 2011. Sí señores, como oyen, ahora se han dedicado a cobrar por servicios recibidos en el futuro. Al parecer han contratado a cobradores con bolas de cristal y conocimiento exacto de cómo cobrar las deudas antes de que se produzcan. Segurísima de que en Auxilio Mutuo no te dejan comprar una coca-cola por $2.00 sin pagar $2.00 más por botar los gases, decidí contestar la carta de cobro de la manera más escueta y precisa: “No le debo nada al Hospital Auxilio Mutuo y mucho menos por un servicio que no se ha realizado”. Indiqué, por supuesto, el error de las fechas.

La cantidad de dinero que he pagado a Auxilio Mutuo por el espacio de 4 años hubiese requerido no una carta, sino el cajón de papeles del mercado toledano donde Cervantes dijo encontrar los manuscritos de Cide Hamete Benengeli. Los folios amarillentos contienen pagos que sobrepasan las decenas de miles de dólares. Como vivo de mi cabeza y específicamente de la enseñanza de la literatura, he estado pagando religiosamente cada MRI de mi cerebro con la American Express y juntando el dinero necesario para saldar cada mes mis cuentas. Es vital saber a tiempo si no ha vuelto a crecer el tumor que amenaza mi más preciada herramienta de trabajo: el lenguaje. Puse a mi hija en la escuela pública de ciencias y matemáticas de University Gardens y a mi hijo en la UPR porque los $24,000 al año que gastaba en sus colegios privados había que invertirlos en la supervivencia de esta lengua viperina.

De modo que aunque un cobro erróneo y a futuro de $370.00 no parezca nada, para mí es una afrenta; son gigantes, no son molinos. Mis años, como mi carnet de impedida, tienen fecha de expiración. Mis escritos, por otro lado, también tienen fechas límite. Por eso cada minuto y cada palabra cuentan. Perder el tiempo con papeles que se desvanecen en el aire y van a morir en un archivo de un hospital o de un plan de seguro médico, son páginas de sobra; excesos que carcomen el tiempo con más rapidez que las células del cáncer.

Como el argumento de las fechas por cobros a futuro era incuestionable, muestra total y verdadera de que me habían vendido una vulgar bacía y querían cobrarme por el yelmo de Mambrino, la dama que contestó el teléfono trató de convencerme de que quizás había leído demasiados libros y se me había secado la mollera olvidando pagar algunas cuentas. “Mire señora, le ruego a vuestra merced que me diga exactamente qué deuda pueda tener la Dra. Rabell porque le puedo jurar por la virginidad de la madre que a usted la parió y por la frente de su padre el caballero de la frente cornuda que me acerco en 10 minutos con los pergaminos que prueban la nobleza de mi pago fiel por cuanto cobro me han sacado por intrusear en mi tan mancillado y casi extinto cerebro”. “Pues, según los anales históricos de la computadora, usted debe la interpretación médica del MRI del 1ro de mayo de 2009”, dijo la ventera. “Con la Iglesia hemos topado”, pensé para mis adentros: “otra vez sale la desaparecida orden de la Cruz Azul”. Era improbable, pero si estas bestias gigantes de Auxilio Mutuo se hubieran equivocado y no me hubiesen cobrado la interpretación del médico en el 2009, ¿cómo iba yo a pagar una deuda para pedirle luego reembolso a una compañía de seguros fantasma? ¿Enfrentarme en una segunda batalla con el caballero de la Cruz Azul, el mismo con quien había lidiado desde el 2008? Hacía apenas un mes los había obligado a pagar a MD Anderson , pero necesité de Dios, de Luzma y su ayuda… “Hay que ver el lado positivo de las cosas”, me dije. “Debo estar definitivamente curada porque, primero, no me ha dado una convulsión y, segundo, aunque quiero escribir un ensayo sobre el monstruo de la naturaleza y archienemigo de Cervantes, todavía no me sale espuma”.

Llegué a mi casa entre viva y muerta, más lívida y sudada que paciente en quimioterapia. Me hundí en los archivos amarillentos como si estuviera en busca del santo grial. Encontré el santo trío de los milagros: el recibo del MRI, el recibo de la inyección de yodo para lograr la imagen del contraste de mi seco cerebro y el recibo del pago por la interpretación del médico, todo por la suma total de $1, 320.00.

Llegué a Auxilio Mutuo con la triple evidencia en una mano. En la otra cargaba la carta insolente de la Transworld System Inc., compañía de servicios de cobro a la que este hospital había tenido la osadía de contratar para amenazarme por un cobro a futuro y a todas luces inexistente. El nombre les viene al pelo: están fuera de este mundo y en el negocio de cobrarle a muertos-vivos con seguros médicos ya fallecidos. En el hospital me dijeron lo que yo sabía: se trataba de un error. “La culpa es del nuevo sistema de computadoras” y no del programador que los puso a cobrar deudas a futuro e inexistentes. Cuando les dije que era una soberana falta de respeto y consideración no leer mi inmediata respuesta al primer cobro a futuro y venderle una deuda inexistente a una compañía de fuera de este mundo para que se dedicara a joderme con amenazas, tuvieron la desfachatez de explicarme que ellos habían enviado simultáneamente el primer cobro a los pacientes y el contrato a la compañía para que cobrara a los que no pagaran. Contuve mi repertorio lingüístico más cutre y les dije: “solo les aviso que si ustedes no arreglan esto de inmediato los voy a demandar por andar inventando cobros a futuro que muy bien podrían haber sobrevivido a los pacientes de cáncer y pasado en herencia a sus hijos y nietos”. Me pregunto cuántas familias con seres queridos ya difuntos habrán recibido cartas similares y cuántas habrán perdido la triple evidencia que colocó a estos zafios ante la balanza de su cadena de embustes.

Supongo que las deudas a futuro de un muerto no se heredan pero los sobrevivientes ya tenemos suficientes problemas para tener que aguantar tanto trasmundo de malevolencia desalmada. Los hice firmar su error en el mismo papel en el cual la compañía de cobros me daba un plazo amenazante de un máximo de 30 días. Terminaré de escribir ese ensayo sobre Lope en el cual había dejado las palabras con las espadas en alto. Leeré mi conferencia en Francia. Actuaré civilizada y profesionalmente como sólo se puede hacer en un país donde la medicina no se explota ni se vende. Auguro, sin embargo, que si de regreso a la Isla del Espanto en el Hospital Auxilio Mutuo no han arreglado este entuerto, yo misma les daré la última estocada.

4 comentarios:

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  3. Ese es el sistema de salud en el que vivimos. Ese es el resultado de la privatizacion de los servicios medicos y de la hegemonia burocratica y fiscal de los seguros medicos privados. Huyamos todos al Canada.
    Gracias por tu ensayo lucidisimo Carmen. Como siempre, a pesar de los horrores, es un placer.

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  4. Gracias Bea. Me parece que la medicina debe ser socializada pero mientra eso no ocurra, me conformaría con que comenzaran pensando que "el cliente tiene la razón".

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